La ficción nos hace pensar en un detective de Barcelona como alguien chulo y pendenciero, valiente pero capaz de saltarse la legalidad sin miramientos. Los detectives privados reales, sin embargo, siguen con firmeza un exigente código de conducta en el desempeño de sus labores, apoyados por la ley como parte implicada en un caso gracias a la relación contractual establecida con su cliente.
Sólo las normas éticas o las impuestas por la ley son el límite para un detective en Barcelona, que debe actuar siempre con libertad e independencia y ser objetivo en sus investigaciones. Así, su actuación laboral debe ir en consonancia con la dignidad de la profesión, evitando conflictos con las administraciones públicas y las fuerzas del orden y siendo siempre veraz, diligente, leal y honesto con sus clientes.
Naturalmente, un detective en Barcelona tiene que mantener siempre el carácter reservado de una investigación, el llamado secreto profesional, amparado por la ley. Asimismo, no puede atentar en sus investigaciones contra el derecho al honor, la intimidad o el secreto de las comunicaciones. Y todas sus conclusiones deben estar basadas en hechos comprobables de modo que puedan ratificarse satisfactoriamente.